Querida Kitty:
Los Van Daan han tenido una gran pelea. Nunca he presenciado una cosa igual, ya que a
papá y mamá ni se les ocurriría gritarse de esa manera. El motivo fue tan tonto que ni
merece la pena mencionarlo. En fin, allá cada uno.
Claro que es muy desagradable para Peter, que está en medio de los dos, pero a Peter ya
nadie lo toma en serio, porque es tremendamente quisquilloso y vago. Ayer andaba
bastante preocupado porque tenía la lengua de color azul en lugar de rojo. Este extraño
fenómeno, sin embargo, desapareció tan rápido como se había producido. Hoy anda con
una gran bufanda al cuello, ya que tiene tortícolis, y por lo demás el señor Van Daan se
queja de que tiene lumbago. También tiene unos dolores en la zona del corazón, los
riñones y el pulmón. ¡Es un verdadero hipocondríaco! (Se les llama así, ¿verdad?)
Mamá y la señora Van Daan no hacen muy buenas migas. Motivos para la discordia hay
de sobra. Por poner un ejemplo: la señora ha sacado del ropero común todas sus sábanas,
dejando sólo tres. ¡Si se cree que toda la familia va a usar la ropa de mamá, se llevará un
buen chasco cuando vea que mamá ha seguido su ejemplo!
Además, la señora está de mala uva porque no usamos nuestra vajilla, y sí la suya.
Siempre está tratando de averiguar dónde hemos metido nuestros platos; están más cerca
de lo que ella supone: en el desván, metidos en cajas de cartón, detrás de un montón de
material publicitario de Opekta. Mientras estemos escondidos, los platos estarán fuera de
alcance. ¡Tanto mejor!
A mí siempre me ocurren toda clase de desgracias. Ayer rompí en mil pedazos un plato
sopero de la señora.
-i Ay! -exclamó furiosa-. Ten más cuidado con lo que haces, que es lo uno que me queda. Por favor ten en cuenta, Kitty, que las dos señoras de la casa hablan un holandés
macarrónico (de los señores no me animo a decir nada, se ofenderían mucho). Si vieras
cómo mezclan y confunden todo, te partirías de risa. Ya ni prestamos atención al asunto,
ya que no tiene sentido corregirlas. Cuando te escriba sobre alguna de ellas, no te citaré
textualmente lo que dicen, sino que lo pondré en holandés correcto.
La semana pasada ocurrió algo que rompió un poco la monotonía: tenía que ver con un
libro sobre mujeres y Peter. Has de saber que a Margot y Peter les está permitido leer casi
todos los libros que nos presta el señor Kleiman, pero este libro en concreto sobre un
tema de mujeres, los adultos prefirieron reservárselo para ellos. Esto despertó en seguida
la curiosidad de Peter. ¿Qué cosas prohibidas contendría ese libro? Lo cogió a escondidas
de donde lo tenía guardado su madre mientras ella estaba abajo charlando, y se llevó el
botín a la buhardilla. Este método funcionó bien durante dos días; la señora Van Daan
sabía perfectamente lo que pasaba, pero no decía nada, hasta que su marido se enteró.
Este se enojó, le quitó el libro a Peter y pensó que la cosa terminaría ahí. Sin embargo,
había subestimado la curiosidad de su hijo, que no se dejó impresionar por la enérgica
actuación de su padre. Peter se puso a rumiar las posibilidades de seguir con la lectura de
este libro tan interesante.
Su madre, mientras tanto, consultó a mamá sobre lo que pensaba del asunto. A mamá le
pareció que éste no era un libro muy recomendable para Margot, pero los otros no tenían
nada de malo, según ella.
-Entre Margot y Peter, señora Van Daan -dijo mamá-, hay una gran diferencia. En primer
lugar, Margot es una chica, y las mujeres siempre son más maduras que los varones; en
segundo lugar, Margot ya ha leído bastantes libros serios y no anda buscando temas que
ya no le están prohibidos, y en tercer lugar, Margot es más seria y está mucho más
adelantada, puesto que ya ha ido cuatro años al liceo.
La señora Van Daan estuvo de acuerdo, pero de todas maneras consideró que en principio
era inadecuado dar a leer a los jóvenes libros para adultos.
Entretanto, Peter encontró el momento indicado en el que nadie se preocupara por el libro
ni le prestara atención a él: a las siete y media de la tarde, cuando toda la familia se reunía
en el antiguo despacho de papá para escuchar la radio, se llevaba el tesoro a la buhardilla.
A las ocho y media tendría que haber vuelto de nuevo abajo, pero como el libro lo había
cautivado tanto, no se fijó en la hora y justo estaba bajando la escalera del desván cuando
su padre entraba en el cuarto de estar. Lo que siguió es fácil de imaginar: un cachete, un
golpe, un tirón, el libro tirado sobre la mesa y Peter de vuelta en la buhardilla.
Así estaban las cosas cuando la familia se reunió para cenar. Peter se quedó arriba, nadie
le hacía caso, tendría que irse a la cama sin comer. Seguimos comiendo, conversando
alegremente, cuando de repente se oyó un pitido penetrante. Todos soltamos los
tenedores y miramos con las caras pálidas del susto.
Entonces oímos la voz de Peter por el tubo de la chimenea:
-¡No os creáis que bajaré!
El señor Van Daan se levantó de un salto, se le cayó la servilleta al suelo, y con la cara de
un rojo encendido exclamó: -¡Hasta aquí hemos llegado!
Papá lo cogió del brazo, temiendo que algo malo pudiera pasarle, y juntos subieron al
desván. Tras muchas protestas y pataleo, Peter fue a parar a su habitación, la puerta se
cerró y nosotros seguimos comiendo.
La señora Van Daan quería guardarle un bocado a su niñito, pero su marido fue terminante.
-Si no se disculpa inmediatamente, tendrá que dormir en la buhardilla.
Todos protestamos; mandarlo a la cama sin cenar ya nos parecía castigo suficiente. Si
Peter llegaba a acatarrarse, no podríamos hacer venir a ningún médico.
Peter no se disculpó, y volvió a instalarse en la buhardilla. El señor Van Daan no
intervino más en el asunto, pero por la mañana descubrió que la cama de Peter había sido
usada. Éste había vuelto a subir al desván a las siete, pero papá lo convenció con buenas
palabras para que bajara. Al cabo de tres días de ceños fruncidos y de silencios
obstinados, todo volvió a la normalidad.
Tu Ana
jueves, 9 de abril de 2015
21 de septiembre de 1942. (Añadido)
El señor Van Daan está como una malva conmigo últimamente. Yo le dejo hacer, sin
oponerme.
oponerme.
Viernes, 21 de agosto de 1942
Querida Kitty:
Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero
escondite. Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta que da
acceso a la Casa de atrás colocáramos una estantería, ya que los alemanes están
registrando muchas casas en busca de bicicletas escondidas. Pero se trata naturalmente de
una estantería giratoria, que se abre como una puerta. La ha fabricado el señor Voskuijl.
(Le hemos puesto al corriente de los siete escondidos, y se ha mostrado muy servicial en
todos los aspectos.)
Ahora, cuando queremos bajar al piso de abajo, tenemos que agacharnos primero y luego
saltar. Al cabo de tres días, todos teníamos la frente llena de chichones de tanto
chocarnos la cabeza al pasar por la puerta, demasiado baja. Para amortiguar los golpes en
lo posible, Peter ha colocado un paño con virutas de madera en el umbral. ¡Veremos si
funciona!
Estudiar, no estudio mucho. Hasta septiembre he decidido que tengo vacaciones. Papá me
ha dicho que luego él me dará clases, pero primero tendremos que comprar todos los
libros del nuevo curso. Nuestra vida no cambia demasiado. Hoy le han lavado la cabeza a Peter, lo que no tiene
nada de particular. El señor Van Daan y yo siempre andamos discutiendo. Mamá siempre
me trata como a una niñita, y a mí eso me da mucha rabia. Por lo demás, estamos algo
mejor. Peter sigue sin caerme más simpático que antes; es un chico latoso, que está todo
el día ganduleando en la cama, luego se pone a martillear un poco y cuando acaba se
vuelve a tumbar. ¡Vaya un tonto!
Esta mañana mamá me ha vuelto a soltar un soberano sermón. Nuestras opiniones son
diametralmente opuestas. Papá es un cielo, aunque a veces se enfada conmigo durante
cinco minutos.
Afuera hace buen tiempo, y pese a todo tratamos de aprovecharlo en lo posible,
tumbándonos en el catre que tenemos en el desván.
Tu Ana.
Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero
escondite. Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta que da
acceso a la Casa de atrás colocáramos una estantería, ya que los alemanes están
registrando muchas casas en busca de bicicletas escondidas. Pero se trata naturalmente de
una estantería giratoria, que se abre como una puerta. La ha fabricado el señor Voskuijl.
(Le hemos puesto al corriente de los siete escondidos, y se ha mostrado muy servicial en
todos los aspectos.)
Ahora, cuando queremos bajar al piso de abajo, tenemos que agacharnos primero y luego
saltar. Al cabo de tres días, todos teníamos la frente llena de chichones de tanto
chocarnos la cabeza al pasar por la puerta, demasiado baja. Para amortiguar los golpes en
lo posible, Peter ha colocado un paño con virutas de madera en el umbral. ¡Veremos si
funciona!
Estudiar, no estudio mucho. Hasta septiembre he decidido que tengo vacaciones. Papá me
ha dicho que luego él me dará clases, pero primero tendremos que comprar todos los
libros del nuevo curso. Nuestra vida no cambia demasiado. Hoy le han lavado la cabeza a Peter, lo que no tiene
nada de particular. El señor Van Daan y yo siempre andamos discutiendo. Mamá siempre
me trata como a una niñita, y a mí eso me da mucha rabia. Por lo demás, estamos algo
mejor. Peter sigue sin caerme más simpático que antes; es un chico latoso, que está todo
el día ganduleando en la cama, luego se pone a martillear un poco y cuando acaba se
vuelve a tumbar. ¡Vaya un tonto!
Esta mañana mamá me ha vuelto a soltar un soberano sermón. Nuestras opiniones son
diametralmente opuestas. Papá es un cielo, aunque a veces se enfada conmigo durante
cinco minutos.
Afuera hace buen tiempo, y pese a todo tratamos de aprovecharlo en lo posible,
tumbándonos en el catre que tenemos en el desván.
Tu Ana.
Viernes, 14 de agosto de 1942
Querida Kitty:
Durante todo un mes te he abandonado, pero es que tampoco hay tantas novedades como
para contarte algo divertido todos los días. Los Van Daan llegaron el 13 de julio.
Pensamos que vendrían el 14, pero como entre el 13 y el 16 de julio los alemanes
empezaron a poner nerviosa cada vez a más gente, enviando citaciones a diestro y
siniestro, pensaron que era más seguro adelantar un día la partida, antes de que fuera
demasiado tarde.
A las nueve y media de la mañana -aún estábamos desayunando- llegó Peter van Daan,
un muchacho desgarbado, bastante soso y tímido que no ha cumplido aún los dieciséis
años, y de cuya compañía no cabe esperar gran cosa. El señor y la señora Van Daan
llegaron media hora más tarde. Para gran regocijo nuestro, la señora traía una sombrerera
con un enorme orinal -dentro.
-Sin orinal no me siento en mi casa en ninguna parte -sentenció, y el orinal fue lo primero
a lo que le asignó un lugar fijo: debajo del diván. El señor Van Daan no traía orinal, pero
sí una mesa de té plegable bajo el brazo.
El primer día de nuestra convivencia comimos todos juntos, y al cabo de tres días los
siete nos habíamos hecho a la idea de que nos habíamos convertido en una gran familia.
Como es natural, los Van Daan tenían mucho que contar de lo que había sucedido durante
la última semana que habían pasado en el mundo exterior. Entre otras cosas nos
interesaba mucho saber lo que había sido de nuestra casa y del señor Goldschmidt.
El señor Van Daan nos contó lo siguiente:
-El lunes por la mañana, a las 9, Goldschmidt nos telefoneó y me dijo si podía pasar por ahí un momento. Fui en seguida y lo encontré muy alterado. Me dio a leer una nota que le
habían dejado los Frank y, siguiendo las indicaciones de la misma, quería llevar al gato a
casa de los vecinos, lo que me pareció estupendo. Temía que vinieran a registrar la casa,
por lo que recorrimos todas las habitaciones, ordenando un poco aquí y allá, y también
recogimos la mesa. De repente, en el escritorio de la señora Frank encontré un bloc que
tenía escrita una dirección en Maastricht. Aunque sabía que ella lo había hecho adrede,
me hice el sorprendido y asustado y rogué encarecidamente a Goldschmidt que quemara
ese papel, que podía ser causante de alguna desgracia. Seguí haciendo todo el tiempo
como si no supiera nada de que ustedes habían desaparecido, pero al ver el papelito se me
ocurrió una buena idea. «Señor Goldschmidt -le dije-, ahora que lo pienso, me parece
saber con qué puede tener que ver esa dirección. Recuerdo muy bien que hace más o
menos medio año vino a la oficina un oficial de alta graduación, que resultó ser un gran
amigo
de infancia del señor Frank. Prometió ayudarle en caso de necesidad, y precisamente
residía en Maastricht. Se me hace que este oficial ha mantenido su palabra y que ha
ayudado al señor Frank a pasar a Bélgica y de allí a Suiza. Puede decirle esto a los
amigos de los Frank que pregunten por ellos. Claro que no hace falta que mencione lo de
Maastricht.» Dicho esto, me retiré. La mayoría de los amigos y conocidos ya lo saben,
porque en varias oportunidades ya me ha tocado oír esta versión.
La historia nos causó mucha gracia, pero todavía nos hizo reír más la fantasía de la gente
cuando Van Daan se puso a contar lo que algunos decían. Una familia de la
Merwedeplein aseguraba que nos había visto pasar a los cuatro temprano por la mañana
en bicicleta, y otra señora estaba segurísima de que en medio de la noche nos habían
cargado en un furgón militar.
Tu Ana.
Durante todo un mes te he abandonado, pero es que tampoco hay tantas novedades como
para contarte algo divertido todos los días. Los Van Daan llegaron el 13 de julio.
Pensamos que vendrían el 14, pero como entre el 13 y el 16 de julio los alemanes
empezaron a poner nerviosa cada vez a más gente, enviando citaciones a diestro y
siniestro, pensaron que era más seguro adelantar un día la partida, antes de que fuera
demasiado tarde.
A las nueve y media de la mañana -aún estábamos desayunando- llegó Peter van Daan,
un muchacho desgarbado, bastante soso y tímido que no ha cumplido aún los dieciséis
años, y de cuya compañía no cabe esperar gran cosa. El señor y la señora Van Daan
llegaron media hora más tarde. Para gran regocijo nuestro, la señora traía una sombrerera
con un enorme orinal -dentro.
-Sin orinal no me siento en mi casa en ninguna parte -sentenció, y el orinal fue lo primero
a lo que le asignó un lugar fijo: debajo del diván. El señor Van Daan no traía orinal, pero
sí una mesa de té plegable bajo el brazo.
El primer día de nuestra convivencia comimos todos juntos, y al cabo de tres días los
siete nos habíamos hecho a la idea de que nos habíamos convertido en una gran familia.
Como es natural, los Van Daan tenían mucho que contar de lo que había sucedido durante
la última semana que habían pasado en el mundo exterior. Entre otras cosas nos
interesaba mucho saber lo que había sido de nuestra casa y del señor Goldschmidt.
El señor Van Daan nos contó lo siguiente:
-El lunes por la mañana, a las 9, Goldschmidt nos telefoneó y me dijo si podía pasar por ahí un momento. Fui en seguida y lo encontré muy alterado. Me dio a leer una nota que le
habían dejado los Frank y, siguiendo las indicaciones de la misma, quería llevar al gato a
casa de los vecinos, lo que me pareció estupendo. Temía que vinieran a registrar la casa,
por lo que recorrimos todas las habitaciones, ordenando un poco aquí y allá, y también
recogimos la mesa. De repente, en el escritorio de la señora Frank encontré un bloc que
tenía escrita una dirección en Maastricht. Aunque sabía que ella lo había hecho adrede,
me hice el sorprendido y asustado y rogué encarecidamente a Goldschmidt que quemara
ese papel, que podía ser causante de alguna desgracia. Seguí haciendo todo el tiempo
como si no supiera nada de que ustedes habían desaparecido, pero al ver el papelito se me
ocurrió una buena idea. «Señor Goldschmidt -le dije-, ahora que lo pienso, me parece
saber con qué puede tener que ver esa dirección. Recuerdo muy bien que hace más o
menos medio año vino a la oficina un oficial de alta graduación, que resultó ser un gran
amigo
de infancia del señor Frank. Prometió ayudarle en caso de necesidad, y precisamente
residía en Maastricht. Se me hace que este oficial ha mantenido su palabra y que ha
ayudado al señor Frank a pasar a Bélgica y de allí a Suiza. Puede decirle esto a los
amigos de los Frank que pregunten por ellos. Claro que no hace falta que mencione lo de
Maastricht.» Dicho esto, me retiré. La mayoría de los amigos y conocidos ya lo saben,
porque en varias oportunidades ya me ha tocado oír esta versión.
La historia nos causó mucha gracia, pero todavía nos hizo reír más la fantasía de la gente
cuando Van Daan se puso a contar lo que algunos decían. Una familia de la
Merwedeplein aseguraba que nos había visto pasar a los cuatro temprano por la mañana
en bicicleta, y otra señora estaba segurísima de que en medio de la noche nos habían
cargado en un furgón militar.
Tu Ana.
Septiembre de 1942. (Añadido)
Papá siempre es muy bueno. Me comprende de verdad, y a veces me gustaría poder
hablar con él en confianza, sin ponerme a llorar en seguida. Pero eso parece tener que ver
con la edad. Me gustaría escribir todo el tiempo, pero se haría muy aburrido.
Hasta ahora casi lo único que he escrito en mi libro son pensamientos, y no he tenido
ocasión de escribir historias divertidas para poder leérselas a alguien más tarde. Pero a
partir de ahora intentaré no ser sentimental, o serlo menos, y atenerme más a la realidad.
hablar con él en confianza, sin ponerme a llorar en seguida. Pero eso parece tener que ver
con la edad. Me gustaría escribir todo el tiempo, pero se haría muy aburrido.
Hasta ahora casi lo único que he escrito en mi libro son pensamientos, y no he tenido
ocasión de escribir historias divertidas para poder leérselas a alguien más tarde. Pero a
partir de ahora intentaré no ser sentimental, o serlo menos, y atenerme más a la realidad.
Domingo, 12 de julio de 1942
Hoy hace un mes todos fueron muy buenos conmigo, cuando era mi cumpleaños, pero
ahora siento cada día más cómo me voy distanciando de mamá y Margot. Hoy he estado
trabajando duro, y todos me han elogiado enormemente, pero a los cinco minutos ya se
pusieron a regañarme.
Es muy clara la diferencia entre cómo nos tratan a Margot y a mí. Margot, por ejemplo,
ha roto la aspiradora, y ahora nos hemos quedado todo el día sin luz. Mamá le dijo:
-Pero Margot, se nota que no estás acostumbrada a trabajar, si no habrías sabido que no
se debe desenchufar una aspiradora tirando del cable.
Margot respondió algo y el asunto no pasó de ahí.
Pero hoy por la tarde yo quise pasar a limpio la lista de la compra de mamá, que tiene una
letra bastante ilegible, pero no quiso que lo hiciera y en seguida me echó una tremenda
regañina en la que se metió toda la familia.
Estos últimos días estoy sintiendo cada vez más claramente que no encajo en mi familia.
Se ponen tan sentimentales cuando están juntos, y yo prefiero serlo cuando estoy sola. Y
luego hablan de lo bien que estamos y que nos llevamos los cuatro, y de que somos una
familia tan unida, pero en ningún momento se les ocurre pensar en que yo no lo siento
así.
Sólo papá me comprende de vez en cuando, pero por lo general está del lado de mamá y
Margot. Tampoco soporto que en presencia de extraños hablen de que he estado llorando o de lo sensata e inteligente que soy. Lo aborrezco. Luego también a veces hablan de
Moortje, y me sabe muy mal, porque ése es precisamente mi punto flaco y vulnerable.
Echo de menos a Moortje a cada momento, y nadie sabe cuánto pienso en él. Siempre que
pienso en él se me saltan las lágrimas. Moortje es tan bueno, y lo quiero tanto... Sueño a
cada momento con su vuelta.
Aquí siempre tengo sueños agradables, pero la realidad es que tendremos que quedarnos
aquí hasta que termine la guerra. Nunca podemos salir fuera, y tan sólo podemos recibir
la visita de Miep, su marido Jan, Bep Voskuijl, el señor Voskuijl, el señor Kugler, el
señor Kleiman y la señora Kleiman, aunque ésta nunca viene porque le parece muy
peligroso.
ahora siento cada día más cómo me voy distanciando de mamá y Margot. Hoy he estado
trabajando duro, y todos me han elogiado enormemente, pero a los cinco minutos ya se
pusieron a regañarme.
Es muy clara la diferencia entre cómo nos tratan a Margot y a mí. Margot, por ejemplo,
ha roto la aspiradora, y ahora nos hemos quedado todo el día sin luz. Mamá le dijo:
-Pero Margot, se nota que no estás acostumbrada a trabajar, si no habrías sabido que no
se debe desenchufar una aspiradora tirando del cable.
Margot respondió algo y el asunto no pasó de ahí.
Pero hoy por la tarde yo quise pasar a limpio la lista de la compra de mamá, que tiene una
letra bastante ilegible, pero no quiso que lo hiciera y en seguida me echó una tremenda
regañina en la que se metió toda la familia.
Estos últimos días estoy sintiendo cada vez más claramente que no encajo en mi familia.
Se ponen tan sentimentales cuando están juntos, y yo prefiero serlo cuando estoy sola. Y
luego hablan de lo bien que estamos y que nos llevamos los cuatro, y de que somos una
familia tan unida, pero en ningún momento se les ocurre pensar en que yo no lo siento
así.
Sólo papá me comprende de vez en cuando, pero por lo general está del lado de mamá y
Margot. Tampoco soporto que en presencia de extraños hablen de que he estado llorando o de lo sensata e inteligente que soy. Lo aborrezco. Luego también a veces hablan de
Moortje, y me sabe muy mal, porque ése es precisamente mi punto flaco y vulnerable.
Echo de menos a Moortje a cada momento, y nadie sabe cuánto pienso en él. Siempre que
pienso en él se me saltan las lágrimas. Moortje es tan bueno, y lo quiero tanto... Sueño a
cada momento con su vuelta.
Aquí siempre tengo sueños agradables, pero la realidad es que tendremos que quedarnos
aquí hasta que termine la guerra. Nunca podemos salir fuera, y tan sólo podemos recibir
la visita de Miep, su marido Jan, Bep Voskuijl, el señor Voskuijl, el señor Kugler, el
señor Kleiman y la señora Kleiman, aunque ésta nunca viene porque le parece muy
peligroso.
28 de septiembre de 1942. (Añadido)
Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo
mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen. Eso no es, naturalmente, una
perspectiva demasiado halagüeña.
mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen. Eso no es, naturalmente, una
perspectiva demasiado halagüeña.
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