jueves, 19 de marzo de 2015

26 de Abril de 1992

Querido amigo:

Nadie me ha llamado desde aquella noche. No
los culpo. He pasado todas las vacaciones
leyendo Hamlet. Bill tenía razón. Era mucho
más fácil pensar en el chico de la obra como si
fuera otro de los personajes sobre los que he
leído hasta el momento. También me ha
ayudado ahora que estoy intentando descubrir
qué me pasa. No me ha dado necesariamente
ninguna respuesta, pero ha sido de ayuda saber
que alguien más ha pasado por esto. Y sobre
todo, alguien que vivió hace tanto tiempo.
Llamé a Mary Elizabeth y le dije que había
estado escuchando el disco todas las noches y
leyendo el libro de E. E. Cummings.
Ella dijo solamente:
—Es demasiado tarde, Charlie.
Le habría explicado que no quería empezar
a salir de nuevo con ella y que había hecho
estas cosas solo como un amigo, pero sabía que
con ello no haría más que empeorarlo todo, así
que no lo hice.
Dije solamente:
—Lo siento.
Y era verdad que lo sentía. Y sé que ella me
creyó. Pero cuando aquello no tuvo ningún
efecto, y no hubo nada más que un silencio
incómodo en el teléfono, supe realmente que era
demasiado tarde.
Patrick sí me llamó, pero lo único que dijo
fue que Craig se había enfadado mucho con
Sam por mi culpa, y que debería seguir alejado
hasta que las cosas se calmaran. Le pregunté si
le gustaría dar una vuelta, él y yo solos. Dijo
que iba a estar ocupado con Brad y cosas
familiares, pero que intentaría llamarme si
podía encontrar un rato. Hasta ahora no lo ha
hecho.
Te contaría el Domingo de Pascua con mi
familia, pero ya te he hablado de Acción de
Gracias y Navidad, y la verdad es que no hay
mucha diferencia.
Excepto que a mi padre le subieron el
sueldo, y a mi madre no porque a ella no la
pagan por trabajar en casa, y mi hermana dejó
de leer esos libros sobre autoestima porque
conoció a un chico nuevo.
Mi hermano volvió a casa, pero cuando le
pregunté si su novia había leído mi redacción
sobre Walden, dijo que no porque había roto
con él cuando descubrió que la estaba
engañando con otra. Hacía ya tiempo de
aquello. Así que le pregunté si se lo había leído
él, y dijo que no porque había estado demasiado
ocupado. Dijo que intentaría leerlo durante las
vacaciones. De momento, no lo ha hecho.
Bueno, fui a visitar a mi tía Helen y, por
primera vez en mi vida, esto no me ayudó.
Incluso intenté seguir mi propósito de recordar
con detalle la última vez que tuve una semana
genial, pero aquello tampoco me ayudó.
Sé que todo esto lo he provocado yo. Sé que
me lo merezco. Haría cualquier cosa para no ser
así. Haría cualquier cosa para compensarlos a
todos. Y por no tener que ver a un psiquiatra
que me explique lo que es ser «pasivo agresivo».
Y por no tener que tomar la medicina que me
da, que es demasiado cara para mi padre. Y por
no tener que hablar de recuerdos desagradables
con él. O ponerme nostálgico por cosas
desagradables.
Ojalá que Dios o mis padres o Sam o mi
hermana o alguien me dijeran qué es lo que me
pasa. Que me dijeran cómo ser diferente de
forma que tenga sentido. Para hacer que todo
esto se vaya. Y desaparezca. Sé que está mal
porque es responsabilidad mía, y sé que las
cosas se ponen peor antes de mejorar porque eso
dice mi psiquiatra, pero este «peor» me resulta
demasiado grande.
Después de una semana sin hablar con
nadie, al final llamé a Bob. Sé que no debía,
pero no sabía qué hacer si no. Le pregunté si
tenía cualquier cosa que pudiera comprar. Me
dijo que le quedaban siete gramos de
marihuana. Así que tomé parte de mi paga de
Semana Santa y la compré.
Desde entonces, he estado fumándomela
sin parar.

Con mucho cariño,
Charlie.

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