domingo, 15 de marzo de 2015

6 de Octubre de 1991

Querido amigo:

Estoy muy avergonzado. Fui al partido de
fútbol del instituto el otro día y no sé
exactamente por qué. En el colegio, Michael y
yo íbamos a veces a los partidos, aunque
ninguno de los dos éramos suficientemente
populares para ir. Era solo un lugar adonde ir
los viernes cuando no queríamos ver la tele. A
veces, nos encontrábamos a Susan allí, y ella y
Michael se daban la mano.
Pero esta vez fui solo porque Michael ya no
está, y ahora Susan se junta con otros chicos, y
Bridget sigue loca, y la madre de Carl lo mandó
a un colegio católico, y Dave, el de las gafas
raras, se ha mudado. Estuve mirando un poco a
la gente, viendo quién estaba enamorado y
quién simplemente perdiendo el tiempo, y vi a
ese chico del que te hablé. ¿Te acuerdas de
Nada? Nada estaba allí, en el partido de fútbol,
y de hecho era uno de los pocos que veían el
partido, sin ser un adulto. Me refiero a ver el
partido de verdad. Gritaba cosas como:
—¡Vamos, Brad! —así se llama nuestro
defensa.
Bueno, normalmente soy muy tímido, pero
Nada parece el tipo de chico con el que podrías
ir a un partido de fútbol, aunque tengas tres
años menos y no seas popular.
—¡Hey! ¡Tú estás en mi clase de
Pretecnología! —Nada es muy simpático.
—Me llamo Charlie —dije sin demasiada
timidez.
—Y yo Patrick. Y esta es Sam —señaló a
una chica muy guapa que estaba a su lado. Y
ella me saludó.
—¡Hola, Charlie! —Sam tenía una sonrisa
muy bonita.
Ambos me dijeron que me sentara con ellos,
y parecía que lo decían en serio, así que me
senté. Escuché los gritos que Nada lanzaba al
campo. Y escuché su análisis de cada jugada. Y
me di cuenta de que sabía mucho de fútbol. De
hecho, sabía de fútbol tanto como mi hermano.
Quizá debería llamarle Patrick a partir de
ahora, ya que es así como se ha presentado, y
Sam también lo llama así.
Por cierto, Sam tiene el pelo castaño y unos
ojos verdes muy, muy bonitos. El tipo de verde
que no es consciente de lo bonito que es. Te lo
habría dicho antes, pero bajo las luces del
estadio, todo parecía como desvaído. Hasta que
fuimos al Big Boy y Sam y Patrick empezaron a
fumar un cigarrillo tras otro no pude
contemplarla bien. Lo bueno del Big Boy fue
que Patrick y Sam no estuvieron haciendo
bromas privadas que yo tuviera que esforzarme
en seguir. Para nada. Me hicieron preguntas:
—¿Cuántos años tienes, Charlie?
—Quince.
—¿Qué quieres hacer cuando seas mayor?
—Todavía no lo sé.
—¿Cuál es tu grupo de música favorito?
—Puede que The Smiths porque me
encanta su canción Asleep, pero no estoy seguro
del todo porque no conozco demasiado bien
otras canciones suyas.
—¿Cuál es tu película favorita?
—La verdad es que no lo sé. Todas me
parecen iguales.
—¿Y tu libro favorito?
—A este lado del paraíso, de F. Scott
Fitzgerald.
—¿Por qué?
—Porque ha sido el último que he leído.
Esto les hizo reír porque sabían que lo decía
en serio, que no era una pose. Entonces me
dijeron cuáles eran sus favoritos, y nos
quedamos en silencio. Comí tarta de calabaza
porque la señora dijo que era de temporada, y
Patrick y Sam siguieron fumando.
Los contemplé, y parecían realmente felices
juntos. Felicidad de la buena. Y aunque Sam
me pareció muy guapa y simpática, y era la
primera chica a la que habría querido invitar a
salir algún día cuando pudiera conducir, no me
importó que tuviera novio, sobre todo si era tan
buena gente como Patrick.
—¿Cuánto tiempo lleváis «saliendo»? —
pregunté.
Entonces se echaron a reír. A reír a
auténticas carcajadas.
—¿Qué tiene tanta gracia? —dije.
—Somos hermanos —dijo Patrick, todavía
entre risas.
—Pero no os parecéis —repuse.
Fue entonces cuando Sam me explicó que
en realidad eran hermanastros, ya que el padre
de Patrick se había casado con la madre de
Sam. Me alegré mucho de saberlo porque la
verdad es que me gustaría pedirle a Sam que
saliera conmigo algún día. Y tanto que me
gustaría. Es tan bonita...
Sin embargo, estoy avergonzado porque
esa noche tuve un extraño sueño. Estaba con
Sam. Y estábamos los dos desnudos. Y ella tenía
las piernas extendidas a ambos lados del sofá. Y
me desperté. Y nunca me había sentido tan
bien en mi vida. Pero también me sentí mal
porque la había visto desnuda sin su permiso.
Creo que debería contárselo a Sam, y de verdad
confío en que esto no impida que podamos
llegar a hacer, a lo mejor, nuestras propias
bromas privadas. Sería genial volver a tener un
amigo. Lo preferiría incluso a salir con alguien.

Con mucho cariño,
Charlie

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